Una vez escuché una canción mediocre y me gustó. De ésas que suenan en cualquier lado y a cualquier hora y gustan a todo el mundo. Sólo que ésta no sonaba. Y no sonó hasta que la escuché en algún supermercado comprando cerveza. Dios, podría haberla tarareado incluso. La tarareé de hecho. Una canción carne del hombre medio y de la mujer media. Realmente horrible. Pero me gustaba. Y me puso contento porque era alegre y quería estar alegre. Así que ataviado con una barba de siete días y una bolsa de cerveza barata pregunté a cada humano medio que me crucé de quién era la canción que sonaba, convencido de conectar aquella vez. Y fui ignorado como principiante que era en su mundo. Y di un poco de asco, imagino. Pero no me importó. Poco después me volví a mi mundo del brazo de aquella señorita que cantaba canciones horribles. Aquí es todo tan caótico que nadie se va a molestar en reprocharme nada. Sonreí sintiéndome un poco por encima de ellos y me puse su cochina canción como unas siete u ocho veces y me bebí como tres o cuatro cochinas cervezas
jueves, 6 de diciembre de 2007
uNA cANCIÓN mEDIOCRE
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